BELLAS PALABRAS

Hageo



Pasaje

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Oración

Sé Señor que tengo un lugar en Tú obra, me comprometo.


Declaración

Hageo, cuyo nombre significa “festivo”, fue uno de los profetas post-exílicos, un contemporáneo de Zacarías. Hageo tenía las cualidades de un buen pastor. Un activista, cuya palabra estaba en sintonía con los corazones del pueblo y con la mente de Dios, actuaba como el mensajero del Señor que trasmite a sus desalentados compañeros la seguridad de la Presencia del Señor. Su ministerio cubre un período de poco menos de cuatro meses durante el segundo año del reinado de Darío, quien gobernó a Persia entre los años 522 y 486 a.C. Esto ubica la figura de Hageo en el 520 a.C.

Desarrollo

• Decreto de Ciro que permite el regreso de los cautivos 538 • Se inicia la construcción del templo 536 (Esdras y Nehemías) • Se detiene la construcción del templo 530 • Hageo y Zacarías comienzan a profetizar; se reanuda la obra del templo 520 • Se termina el templo 516 Cuando Hageo comenzó la tarea en el 520 a.C., se unió a los exiliados que habían retornado a su tierra en el 536 a.C. para reconstruir el templo del Señor. Habían comenzado bien, construyeron el altar y ofrecieron sacrificios, y al año siguiente colocaron los cimientos del templo. Sin embargo, el esfuerzo en la construcción cesó ante las burlas de los enemigos (Neh 4). Pero el ministerio de Hageo y Zacarías hizo que el pueblo se recuperara y lo condujo a completar la obra en cinco años. El templo reconstruido fue dedicado en el 515 a.C. Reflexión Hageo lanza un claro llamado a su propio pueblo, que llega hasta nosotros: la necesidad de dedicarse a la tarea asignada por Dios. No debemos permitir que las dificultades, los enemigos, o las inclinaciones egoístas, nos aparten de los desafíos recibidos de lo alto. El noble carácter de nuestro llamado, y la promesa de la Presencia de Dios y su Santo Espíritu, nos alientan a cumplir nuestra comisión. Al hacer énfasis en la figura de equipo, muestra como las funciones del profeta, el sacerdote, el príncipe y el pueblo, Hageo también demuestra la necesidad de la cooperación a la hora de llevar a cabo los propósitos de Dios en la tierra. Nuestros valores y prioridades se reflejan en la manera en que utilizamos nuestros recursos: tiempo, dinero, fuerza y talento. Con frecuencia las acciones contradicen las palabras. Decimos que Dios es el número uno, pero luego lo relegamos en nuestra lista de “cosas por hacer”. Hace veinticinco siglos se escuchó una voz llamando a hombres y mujeres a corregir sus prioridades. Hageo sabía lo que era importante y lo que debía hacerse y exhortó al pueblo de Dios a responder. A pesar de que Hageo es un libro pequeño, está lleno de desafío y promesa, y nos recuerda el llamado de Dios en cuanto a las prioridades. Cuando lea Hageo, imagínelo caminando por las calles e instándonos a trabajar para Dios. Escucha cómo desafia a reorganizar prioridades de acuerdo con la Voluntad de Dios.