BELLAS PALABRAS

1 Tesalonicenses



Pasaje

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. (4:14)


Oración

Señor Jesús, te espero. Ayúdame a vivir listo para Tú regreso de hoy.


Declaración

Durante su breve ministerio en Atenas, Pablo se preocupó mucho del estado de los asuntos de la recién nacida iglesia en Tesalónica. Él había tratado de regresar allí en dos ocasiones anteriores, pero Satanás se lo impidió (2:18). Por eso fue que cuando no pudo soportar más la incertidumbre ni llevar a cabo el plan de visitarla de nuevo, envió a Timoteo a la iglesia para investigar sus progresos (3:1), quien retornó con un buen informe. Tanto Pablo como los tesalonicenses ansiaban reunirse otra vez, pero en Corinto, a unos 80 km al oeste de Atenas, había más trabajo ministerial para Pablo. Desde Corinto, alentado por las buenas noticias recibidas de Tesalónica, Pablo escribió la epístola de 1 Tesalonicenses, entre los años 50 y 51 d.C. La carta es quizás el documento más temprano que conservamos de Pablo. Por cierto que fue el primer libro del Nuevo Testamento que se escribió. (Los cuatro Evangelios, aunque describen acontecimientos anteriores, fueron escritos posteriormente en su versión final.)

Desarrollo

Nadie sabe la hora del regreso de Cristo. Debemos vivir en forma sobria y santa, siempre atentos a su venida. Los creyentes no deben desatender sus responsabilidades diarias, sino que siempre deben trabajar y vivir para agradar al Señor. Viva como si esperara el regreso de Cristo en cualquier momento. Que no lo tome desprevenido.


Reflexión

Cristianos de todas las edades han esperado, como Pablo (“nosotros que vivimos” 4:15), el retorno de Cristo en la época que les ha tocado vivir. A través de la historia de la Iglesia, ha habido quienes han intentado privar este acontecimiento de su sentido original, fijando fechas o especificando la forma cómo ocurrirá ese acontecimiento. Los que lo han hecho, de alguna manera han pretendido saber más que el propio Jesús, quien dijo: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Mc 13:32). Inmediatamente después de predecir el regreso de Cristo (4:13), Pablo añade (5:1) que lo súbito del retorno de Jesús no sorprenderá a los cristianos que estén provistos con la armadura apropiada (5:8), que funciona en todas las dimensiones del tiempo: fe (pasado), esperanza (futuro) y amor (presente).

Dos cosas son ciertas: En primer lugar, el retorno de Cristo es un acontecimiento futuro que ocurrirá con toda seguridad, y que está más cerca que nunca. Pero especificar fecha u hora en que el Señor súbitamente retornará, o prestar solamente atención a las profecías que se refieren a las señales que anuncian la proximidad de ese acontecimiento, le restan fuerza al retorno de Cristo, tal cual éste se revela en 1 de Tesalonicenses. Lo que pretende Pablo (como dos veces lo deja saber, 4:18 y 5:11) es que se debe tener ánimo ante la muerte. Este mensaje consuela también a los descendientes contemporáneos de los tesalonicenses que guardan luto por “aquellos que duermen en Jesús”. Esto no desalienta la esperanza del retorno de Cristo (5:1), pero tampoco alienta las predicciones que fijan una fecha para su regreso.