BELLAS PALABRAS

Apocalipsis 2° Parte



Pasaje

“Ellos lo han vencido por medio de la Sangre del Cordero y por la palabra del testimonio y no amaron sus vidas sino que estuvieron dispuestos a llegar aún hasta la muerte.” (12:11)


Oración

Reconozco mis faltas y me arrepiento. Límpiame Señor con Tu Sangre preciosa, lo necesito, solo Tú puedes limpiarme y librarme de toda maldad. En Tú Nombre Jesús, doy gracias por Tú Amor eterno sobre mi vida, nada me podrá separar de Tú Amor.


Declaración

El apóstol Juan asumió la obra pastoral en Éfeso alrededor del año 70 d.C., incluyendo las iglesias del área circunvecina, las “siete iglesias de Asia Menor” de Apocalipsis 2–3. El emperador romano Nerón había perseguido a los cristianos en Roma, pero la “prueba de fuego” que Pedro había prometido (1 P 4:12) todavía no había empezado. Mas cuando Domiciano ascendió al trono (81–96 d.C.), la persecución se intensificó. Domiciano era un asesino a sangre fría como nunca se encontrará en las páginas de la historia. Promovió la “adoración al emperador” y empezaba sus anuncios con: “Nuestro señor y dios Domiciano ordena”. Juan tuvo que ir al exilio en la isla de Patmos, una isla rocosa de quince kilómetros de largo y diez de ancho, en el Mar Egeo. Roma tenía un campamento penal allí, en donde los prisioneros trabajaban en las minas. Fue allí en este paraje que Juan recibió las visiones que forman Apocalipsis. Lo escribió alrededor del año 95 d.C.

Desarrollo

Apocalipsis es un libro de esperanza. Juan, el apóstol amado y testigo ocular de lo que hizo Jesús, afirma que el victorioso Señor con toda seguridad volverá para vindicar a los rectos y juzgar a los impíos. Pero Apocalipsis es también un libro de advertencia. Las cosas no eran como debían ser en las iglesias, así que Cristo llamaba a los creyentes a comprometerse a llevar una vida recta.

Aunque Jesucristo le dio esta revelación de sí mismo a Juan hace unos dos mil años, ella sigue siendo consuelo y exhortación para el pueblo de Dios de nuestro tiempo. Se puede animar nuestro corazón a medida que entendemos la visión esperanzadora de Juan: Cristo volverá para rescatar a su pueblo y arreglará cuentas con todos los que le resistieron.

Este pasaje, llamado por los teólogos el mini-evangelio, nos enseña acerca de tres herramientas fundamentales para alcanzar victoria. El repaso de éstas herramientas durante los días de batalla será fundamental. La Sangre de Cristo, la proclamación de la Palabra de Dios y la humillación como herramienta para crecer.

Reflexión

Las batallas son parte de la vida. Desearíamos vivir sin tener que enfrentar conflictos o tensiones de ningún tipo, sin embargo, la vida no funciona así.

Este mismo concepto, se aplica para la vida del cristiano. Jesús mismo advirtió a sus discípulos, acerca de que en el mundo, encontrarían aflicción, pero Él venció y la misma victoria, podemos vivirla nosotros.

¿Cómo vencer frente a la adversidad?

Este capítulo de la Biblia, nos da las tres claves para ello.

La Sangre del Cordero, es una de nuestra armas más valiosas. No hay persona que pudiera estar en pie delante de Dios. Cada ser humano, posee conductas a corregir, pensamientos a derribar y luchas espirituales a resolver.

Es la sangre derramada en la cruz, el pago para nuestras faltas, la justificación a nuestros errores y la prueba de que somos propiedad de Dios. El diablo reconoce y teme esa sangre.

Por otro lado, la Palabra de Dios es nuestra espada. Declarada con fe, hace retroceder al mal y cambia la realidad de las cosas.

Creyentes que se despojan de su vanidad y orgullo, es decir que se humillan, poseen la actitud de dependencia necesaria, para que Dios se manifieste y obre.

Creyentes humillados que se declaran dependientes de Dios, cubiertos por la Sangre del Cordero, declaran la Palabra de Dios y cambian la realidad de las cosas.

Señor, me declaro dependiente de Ti, cubierto por Tu Sangre y en el Nombre de Jesús, proclamo que Tú estás a mi lado. No me dejarás jamás.