BELLAS PALABRAS

Amós



Pasaje

Así dice el Señor al reino de Israel: Búsquenme y vivirán. Pero no acudan a Betel, ni vayan a Guilgal, ni pasen a Berseba, porque Guilgal será llevada cautiva, y Betel, reducida a la nada. Busquen al Señor y vivirán, no sea que él caiga como fuego sobre los descendientes de José, fuego que devore a Betel sin que haya quien lo apague. (5:4-6).


Oración

Mi Señor, lo que tengo contigo no es una religión, sino una relación.


Declaración

Amós, cuyo nombre significa “el que lleva la carga”, era nativo del pequeño pueblo de Tecoa en las colinas de Judá, al sudeste de Jerusalén. Fue el primero de los llamados “profetas escritores” del siglo VIII a.C., grupo que incluye a Oseas en Israel, y a Miqueas e Isaías en Judá. Amós negó haber recibido preparación como profeta profesional, era un pastor y uno que cosechaba higos silvestres, los frutos que comían los más pobres del pueblo. A pesar de ser oriundo de Judá, Dios le llamó a proclamar su mensaje en el norteño reino de Israel. Amós profetizó durante los reinados de Uzías de Judá (792–740 a.C.) y Jeroboam II de Israel (793–753 a.C.). Su ministerio se desarrolló entre los años 760 y 750 a.C. y parece que duró menos de dos años.

Desarrollo

A través de los siglos, el mensaje de Amós ha tenido un impacto en el pueblo de Dios. Las naciones de la actualidad necesitan escucharlo también. A pesar de que los hermanos de Judá estaban divididos, los israelitas del norte seguían siendo el pueblo de Dios. Sin embargo, vivían detrás de un infundado marco religioso, adorando ídolos y oprimiendo a los pobres. El profeta denuncia de manera terminante ésta situación y atiende los temas de convivencia y relación entre las clases de Israel. Por esto algunos teólogos, lo han llamado “el profeta social”. Reflexión Cuando escuchamos: “Es un hombre de Dios”, pensamos en un famoso evangelista, un reverendo, un misionero o en unos de esos que ministran en la universidad. En fin, pensamos en los obreros cristianos profesionales que predican y enseñan la Palabra de Dios por vocación. Amós fue un hombre de Dios; una persona cuya vida estuvo dedicada a servir al Señor, y cuyo estilo de vida reflejó esta devoción. Pastoreaba un rebaño y cuidaba las higueras en la campiña de Judá. No era hijo de profeta ni de sacerdote. Amós subraya que la rectitud y la justicia son esenciales a una sociedad sana. La religión es algo más que la observancia de determinadas festividades y la celebración de asambleas sagradas; la verdadera religión demanda una vida recta. La manera como los seres humanos tratan a los demás, revela cómo es su relación con Dios. Jesús dijo que el más grande de los mandamientos era amar a Dios. El segundo, amar al prójimo como a nosotros mismos. Este es el mensaje de Amós, y el que hoy en día necesitamos. Vivimos en una sociedad moderna y materialista. Pero no debemos engañarnos pensando que la modernidad a nuestro alrededor constituye una bendición de Dios. La observancia externa de los ritos cristianos no es suficiente. Dios demanda nuestra obediencia; una sentida disposición del corazón, que se traduce en acciones en favor de los seres humanos que nos rodean, por eso les pide que corran a los altares, sino a Dios mismo.