BELLAS PALABRAS

Hebreos 1° Parte



Pasaje

“El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas por la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (1:3)


Oración

Tú eres el centro y el Rey de mi vida. Señor Jesucristo, nadie se compara a Ti y lo declaro una vez más: Tú Eres más y Mejor que cualquier persona o cosa con la que te compare.


Declaración

La epístola a los Hebreos no identifica a su autor, y la tradición cristiana no ofrece una respuesta unánime sobre la identidad de este. Algunos especialistas señalan ciertas evidencias que apuntan hacia Pablo como su autor, mientras otros sugieren que uno de sus colaboradores, como Bernabé o Apolos, pudo haber escrito la epístola. Estas especulaciones han sido infructuosas, y la mejor conclusión quizás sea la de Orígenes, quien en el siglo III afirmó que sólo Dios sabía con certeza quien escribió esta epístola. El contenido de la epístola a los Hebreos indica que fue escrita antes de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C. (10:11). La única evidencia que alude al sitio donde fue escrita la epístola es el saludo enviado por “los de Italia” (13:24), lo cual indica que su autor estaba en Roma o escribía a los cristianos en Roma.

Desarrollo

La mayoría de los primeros cristianos eran de origen judío. Aparentemente, esperaban el pronto retorno de Cristo, pero la demora de su Segunda Venida, y las persecuciones contra ellos (10:32), les hicieron dudar si habían tomado la decisión correcta al convertirse en cristianos. De ahí que se corriera el riesgo de que regresaran al judaísmo.

La epístola fue escrita a los judíos creyentes que vacilaban, para alentarlos a mantenerse firmes en la fe. El autor pone de relieve la abrumadora superioridad de Cristo sobre todo lo que habían experimentado bajo la Ley. Lo que se les ofrece a través de Cristo es muchísimo mejor que lo que les fue prometido bajo la economía mosaica, a la que nunca considerarían retornar. El autor se apoya en la incomparable gloria de la persona y la obra de Cristo, y muestra su supremacía sobre los profetas (1:1), los ángeles (1:4), Moisés (3:1), Josué (4:1), Aarón (4:14) y todo el ritual del judaísmo (7:19).

Reflexión

Una palabra clave de esta epístola es “mejor”, usada para referirse a Cristo y a los beneficios del evangelio (1:4; 7:19; 8:6; 9:23; 10:34; 11:16). De hecho, ningún otro libro del NT la usa más veces que ésta carta. Al pensar en esto, decimos ¿mejor que quién o que cosa? La respuesta es sencilla, Cristo es más y mejor que todo.

El punto culminante de la epístola es la presentación de ministerio del Señor como Sumo Sacerdote. Cristo es Sumo Sacerdote, no según el orden de Aarón, sino de Melquisedec, que no tuvo predecesores ni sucesores en el sacerdocio. Así que Melquisedec fue un tipo perfecto de Cristo, que recibió el oficio de sumo sacerdote por el directo llamado de Dios, no por herencia (5:5). Mientras el sacerdote en la tradición de Aarón tenía que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, así como por los del pueblo, Cristo ofreció de una vez por todas su inmaculada persona como sacrificio perfecto. En su carne experimentó la prueba que todos los creyentes conocen, y por eso es capaz de interceder en su favor.