BELLAS PALABRAS

1 Pedro



Pasaje

“Y si invocáis como Padre a aquel que imparcialmente juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor durante el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.” (1:17-19)


Oración

Gracias Señor, que eres mi padre, perfecto, sin faltas. Siempre amoroso, permaneces fiel.


Declaración

La carta afirma pertenecer al apóstol Pedro, y no hay evidencia de que la iglesia primitiva haya cuestionado alguna vez esta demanda. Silvano, quien acompañó a Pedro en su segundo viaje misionero, parece que actuó como su secretario en la redacción de 1 Pedro (5:12), lo cual posiblemente explique el pulido estilo del griego de la carta. Los historiadores confirman que Pedro fue martirizado en Roma, en las persecuciones de Nerón contra los cristianos tras el incendio de esa ciudad en el año 64 d.C. Esta carta parece haber sido escrita más bien al final de la vida de Pedro, pero cuando aún podía decir: “Honrad al rey” (2:17). Es muy probable que
1 Pedro haya sido escrita en los primeros años de la década de los sesenta del siglo I.

Desarrollo

Toda vez que los verdaderos cristianos experimentan la hostilidad del mundo, el llamado a la paciencia y a la santidad en medio del sufrimiento es aplicable a todos. Sin embargo, el mensaje tiene mayor pertinencia donde la represión es más severa. La persecución de los cristianos es tan grande en muchos lugares de la tierra hoy en día como lo era en el siglo I, y 1 Pedro ofrece esperanza a aquellos que sufren por amor a Cristo.

Reflexión

Pedro conoció la persecución de primera mano. Fue golpeado y encarcelado, y fue amenazado muchas veces. Él había visto morir a hermanos en la fe y había visto la iglesia dispersa. Pero conocía a Cristo, y nada podía conmover su confianza en su Señor resucitado. Fue en ese contexto personal que Pedro escribió a la iglesia esparcida y que sufría por su fe, dándoles ánimo y esperanza, y exhortándola a seguir siendo fiel a Cristo.

Nuestra salvación es un don bondadoso de Dios. Él nos escogió porque nos amó. Mediante su muerte, Jesucristo pagó el castigo de nuestro pecado, y el Espíritu Santo nos purificó cuando creímos. La vida eterna es un privilegio maravilloso para quienes confían en Cristo. Nuestra seguridad está en Dios. Si ahora nos gozamos al relacionarnos con Cristo, cuánto más, cuando Él vuelva y lo veamos cara a cara. Dicha esperanza debe motivarnos a servir a Cristo con gran entusiasmo.

Finalmente, el tema familia es central en la carta. Somos privilegiados al pertenecer a la familia de Dios, una comunidad con Cristo como el fundador y el fundamento. Todos en esta comunidad están relacionados, todos somos hermanos, a todos Dios nos ama por igual. Debemos aceptar el llamado a vivir de manera diferente a la sociedad que nos rodea. Pedro anima a todos los miembros de la familia a tratar a los demás con simpatía, amor, compasión y humildad. Debemos tratar a nuestros familiares con amor. Aunque eso no es fácil, la disposición para servir es la mejor manera de influir en nuestros seres queridos. Para ganar fortaleza se requiere autodisciplina y sumisión; se debe pedir en oración la ayuda de Dios.