BELLAS PALABRAS

NUMEROS



Pasaje

Todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá (14:22-23).


Oración

Señor, líbrame de dudar de Ti. Creo que cada palabra tuya será cumplida, veré aquello que Tú tienes para mí.


Declaración

Números relata la historia de cómo Israel se preparó para entrar en la tierra prometida, cómo pecaron y fueron castigados, y cómo se prepararon para intentarlo de nuevo. El autor fue Moisés, al igual que todo el pentateuco y lo dirigió al pueblo de Israel entre los años 1450–1410 a.C.

Desarrollo

Conforme los «hijos» de Israel viajaban de las faldas del monte Sinaí a la tierra de Canaán, se quejaban, chillaban y refunfuñaban a cada paso. Pensaban en sus incomodidades presentes. Se habían apartado de la fe y por ello añadieron cuarenta años extras a su viaje. Números, registra la trágica historia de la incredulidad de Israel. Al comenzar Números, la nación de Israel está acampada al pie del monte Sinaí. El pueblo ha recibido las leyes de Dios. Se ha llevado a cabo un censo para determinar el número de hombres idóneos para el servicio militar. Más tarde el pueblo fue “santificado” o apartado para Dios. Este preparaba al pueblo, tanto espiritual como físicamente, para recibir su herencia. Pero entonces comenzaron las quejas. Primero, se quejaron por la comida. Luego, por la autoridad de Moisés. Dios castigó a algunos pero perdonó a la nación gracias a las oraciones de Moisés. Más tarde el pueblo llegó a Cades y se enviaron espías a Canaán para determinar sus puntos fuertes. Regresaron con espantosas historias sobre gigantes. Sólo Josué y Caleb los alentaron para que se levantaran y fueran a poseer la tierra (13.30). El informe de la minoría cayó en oídos sordos y llenos del mensaje nefasto de la mayoría. Dios declaró que a causa de su incredulidad la presente generación no viviría para ver la tierra prometida. Por lo tanto comenzaron las “peregrinaciones”. Durante este peregrinaje en el desierto se ve claramente un patrón continuo de quejas, obstinación, disciplina y muerte. ¡Cuánto mejor hubiera sido haber confiado en Dios y entrado en su tierra! Ahora comenzaba la larga espera: esperar a que la vieja generación muriera y esperar para ver si la nueva generación obedecía fielmente a Dios. Números termina como comenzó, con una preparación. Esta nueva generación de israelitas era numerosa y apartada para Dios. Después de haber derrotado a numerosos ejércitos, se establecieron al lado este del río Jordán. Ahora enfrentan su más grande prueba: deben cruzar el río y poseer la hermosa tierra que Dios les había prometido. La lección es clara. El pueblo de Dios debe confiar en Él, moverse hacia adelante con fe, si desea reclamar la promesa de la tierra.