BELLAS PALABRAS

Abdías



Pasaje

“Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza” (1:15).


Oración

Señor oro por aquellos de Tu pueblo con los que tengo distancia. Sim importar quien las generó, los bendigo y oro por sus vidas con palabras de bien.


Declaración

El trasfondo de la destrucción de Jerusalén indica que la profecía de Abdías se produjo poco antes del 586 a.C., año en que la ciudad cayó en manos de los babilonios. Parece que el mensaje fue anunciado durante el exilio de Judá, cuando Abdías advierte a Edom del inminente castigo divino y confirma a Judá la constante protección de Dios. El profeta del que proviene la denuncia sólo es conocido como Abdías, “siervo y creyente de Jehová”. No se ofrece información adicional sobre su persona. Más de diez hombres llevan el nombre de Abdías en el Antiguo Testamento, pero el pueblo de Israel históricamente lo vincula al autor de la profecía, con el Abdías al que se identifica como mayordomo del rey Acab (1 Re 18:3–16).

Desarrollo

Abdías, el libro más pequeño del Antiguo Testamento, es un ejemplo dramático de la respuesta de Dios a cualquiera que quiera maltratar a sus hijos. Edom era una nación montañosa que ocupaba la región del sudeste del Mar Muerto incluyendo Petra, la ciudad espectacular descubierta por los arqueólogos hace unas cuantas décadas. Como descendientes de Esaú (Gen 25:19–27), los edomitas eran parientes de Israel y, al igual que su padre, eran guerreros fuertes, valientes y soberbios, con un país montañoso que parecía invencible. Si un pueblo debió correr a ayudar a sus hermanos del norte, ese era Edom. Sin embargo, vieron con satisfacción los problemas de Israel; capturaron y llevaron a los fugitivos ante el enemigo e incluso saquearon Israel. Abdías comunica el mensaje de Dios a Edom. Debido a su indiferencia y desprecio hacia Dios, a su cobardía y soberbia y a su traición hacia sus hermanos de Judá, serían condenados y destruidos. Reflexión Edom debía haberse puesto al lado de Judá en su conflicto con Babilonia, pero años de enemistad hicieron que las emociones suplantaran al buen juicio. Esas escabrosas relaciones son el resultado inevitable de la soberbia que nos impide descubrir nuestros errores y construye barreras que bloquean el camino de la reconciliación. El libro de Abdías nos llama a enfrentar el increíble costo del orgullo, y a darnos cuenta que mantenernos aferrados a él no tiene sentido cuando nos enfrentamos a Dios y tratamos de justificar nuestra arrogancia. El libro nos llama a arrepentirnos de nuestra soberbia, a buscar reconciliación con quienes hemos roto relaciones, y a vivir una vida de perdón y misericordia. Pablo define muy bien el tema principal de Abdías en Gálatas 6:7 “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. O en las palabras del mismo Abdías: “Como tú hiciste se hará contigo” (15). La retribución es una realidad. El Señor toma muy en serio las promesas que ha hecho en el pacto. En Génesis 12:1–3 prometió bendecir a aquellos que bendicen a su pueblo y maldecir a los que lo maldicen. El Señor se ha identificado tanto con su pueblo, que maldecir a su pueblo es maldecirlo a Él, rechazar a su pueblo es rechazarlo a Él.