BELLAS PALABRAS

Evangelio según Mateo



Pasaje

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir.” (5:17).


Oración

Señor Jesús te doy gracias por Tu amor y Tu obra redentora en la cruz. Tú me das la posibilidad de tener comunión contigo. Jamás lo habría logrado por mis obras. Ha sido Tú gracia.


Declaración

El autor del evangelio fue Mateo, buscó probar que Jesús es el Mesías, el Rey eterno. Mateo era un judío cobrador de impuestos que llegó a ser uno de los discípulos de Jesús. Este Evangelio es el enlace entre el Antiguo Testamento y el Nuevo por su énfasis en el cumplimiento de la profecía. Es el más judío hebreo de los evangelios.

Desarrollo

El Evangelio de Mateo tiene muchos matices judíos. Por ejemplo, la expresión reino de los cielos aparece treinta y tres veces y el término Reino de Dios cinco veces. Ningún otro Evangelio pone tal énfasis en el Reino; la restauración de las glorias del reinado de David era la esperanza ardiente de muchos judíos de la época. Mateo identifica claramente a Jesús con esa esperanza al usar el título real: “Hijo de David” nueve veces en su Evangelio. Además, llama a Jerusalén: “ciudad santa” (4:5; 27:53) y “ciudad del gran Rey” (5:35), formas exclusivamente judías de referirse a ella. Los judíos del primer siglo enfatizaban la justicia y Mateo usa las palabras justo y justicia con más frecuencia que los Evangelios de Marcos, Lucas y Juan combinados. El Evangelio de Mateo cumple varios objetivos más allá de la presentación de una biografía de Jesús. Uno de los propósitos es probar a los lectores judíos que Jesús es su Mesías y Rey prometido. La genealogía del capítulo 1 señala a Cristo como el heredero de las promesas divinas hechas a David de una dinastía eterna. El uso de un conocido salmo mesiánico en Mateo 22:41-44 por parte de Jesús daba a entender claramente a cualquier judío que Él era el heredero del trono de David. Aun cuando muchos judíos del tiempo de Jesús estaban ciegos respecto a la identidad de Jesús, los gentiles (como los magos) lo identificaron como el rey prometido de Israel cuando era un bebé. Finalmente, el título que colgaron en la cruz sobre la cabeza de Jesús destaca con claridad su realeza: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS (27:37). Pero lo más importante, el libro de Mateo prueba la autoridad legítima de Jesús al destacar sus sabias enseñanzas y su vida justa (7:28). Reflexión A Jesús no se le puede comparar con ninguna persona o poder. Él es la autoridad suprema del tiempo y la eternidad, del cielo y de la tierra, de los hombres y de los ángeles. Debiéramos darle el lugar que como Rey le corresponde en nuestra vida. Por el hecho de que Dios envió a Jesús, podemos confiarle nuestra vida. Vale la pena todo lo que podemos reconocer en Él y entregar a Él, porque Él vino para ser nuestro Salvador, nuestro Mesías. Las enseñanzas de Jesús nos enseñan a prepararnos para vivir en su Reino viviendo como es debido. Su vida fue un ejemplo de sus enseñanzas, y nuestra vida debiera serlo también. Que éste evangelio hable tanto de la justicia y del Reino de Dios debe recordarnos nuestra necesidad de la obra de Cristo para poder vivir el regalo de Dios.