BELLAS PALABRAS

JUECES



Pasaje

El ángel del Señor vino y se sentó bajo la encina que estaba en Ofra, la cual pertenecía a Joás, del clan de Abiezer. Su hijo Gedeón estaba trillando trigo en un lagar, para protegerlo de los madianitas. Cuando el ángel del Señor se le apareció a Gedeón, le dijo: ¡El Señor está contigo, guerrero valiente! (6:11-12)


Oración

Me dedico a Ti Señor una vez más. No sé si en Tu Nombre haré cosas tan grandes como Gedeón, pero úsame para bendición de alguien.


Declaración

El autor del libro de Jueces es desconocido. El Talmud lo atribuye a Samuel. Puede que éste haya redactado porciones del libro porque se sabe que Samuel era escritor (1 S 10:25). El inspirado autor seleccionó cuidadosamente testimonios orales y escritos para ofrecernos una historia de Israel con implicaciones teológicas. El libro de Jueces cubre el período transcurrido entre la muerte de Josué y el establecimiento de la monarquía. No se conoce la fecha exacta de su composición. Sin embargo, la evidencia interna indica que fue escrito en los primeros años de la monarquía tras la coronación de Saúl, pero antes de la conquista de Jerusalén por David, entre los años 1050 y 1000 a.C.

Desarrollo

Jueces describe los acontecimientos ocurridos en un período específico de la historia de Israel y proporciona un vínculo entre la conquista de Canaán y la monarquía. Destaca el principio establecido en la ley, de que la obediencia trae consigo paz y vida, y la desobediencia, opresión y muerte. Por otra parte, señala la necesidad de una monarquía centralizada y hereditaria en Israel. La desobediencia de Israel a la autoridad del Señor en tiempos del inspirado liderazgo de los jueces dio lugar a la apostasía y a la anarquía, lo cual demostró la necesidad de que un rey gobernara al pueblo de Israel. En lo espiritual, el libro muestra la fidelidad del Señor a las promesas de Su pacto. Cada vez que el pueblo se arrepentía y se apartaba del mal, el Señor lo perdonaba y levantaba líderes llenos del poder de su Espíritu para liberarlos de sus opresores. Jueces ilustra las desastrosas consecuencias de apartarse de Dios, adoptando prácticas idólatras. El pecado separa de Dios. El Señor requiere consagración de parte de su pueblo. Cuando cometemos pecado, el Señor nos reprende en su amor hasta que volvemos ante su presencia completamente arrepentidos. Cuando clamamos a Él, el Señor responde fielmente. Nos perdona, nos libera y restablece la comunión con nosotros. El Señor es nuestro juez, nuestro libertador. Es capaz de hacer cosas imposibles. Lo mismo que designó libertadores y los llenó con el poder de su Espíritu, es capaz de ungirnos con el Espíritu Santo y usarnos para liberar a aquellos que están atados por el pecado y la desesperación. El Señor responde al llanto de un corazón arrepentido, es fiel y su amor es constante.