BELLAS PALABRAS

Santiago



Pasaje

“Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (2:18)


Oración

Ayúdame a ser un hacedor de la Palabra, no solo un oyente.


Declaración

Tres hombres del NT se llaman Jacobo (Santiago quiere decir San Jacobo): 1) el hijo de Zebedeo y hermano de Juan (Mc 1:19); 2) el hijo de Alfeo, uno de los apóstoles (Mt 10:3) 3) el hermano de nuestro Señor (Mt 13:55). Al parecer el hermano de nuestro Señor escribió esta epístola. Durante el ministerio de Cristo, Santiago y sus hermanos no eran creyentes (Mc 3:21; Jn 7:1). Santiago recibió una visita especial del Señor después que Él resucitó (1 Co 15:7), lo que indudablemente le trajo a la salvación. Le vemos con los creyentes en el aposento alto (Hch 1:14). Después que Pedro salió de la escena como líder de la iglesia de Jerusalén (Hch 12:17), Santiago ocupó su lugar. Fue quien dirigió la conferencia de Hechos 15 y el que pronunció la decisión final. En Gálatas 2 Pablo reconoció su liderazgo, pero en Gálatas 2:11 parece criticarle por su legalismo. Hechos 21:17 vuelve a mencionar a Santiago. El historiador judío Josefo dice que Santiago murió apedreado en el año 62 d.C.

Desarrollo

Entretejidos por toda la carta hay dos temas: la persecución externa de la congregación y los problemas internos. Los creyentes experimentaban pruebas y Santiago procuró animarlos. Pero había también divisiones y pecados dentro de la iglesia y Santiago procuraba ayudarlos a que los confesaran y que se perdonaran sus pecados. Uno de los pensamientos clave es la perfección o madurez espiritual. Estas personas necesitaban crecer en el Señor y las pruebas podrían ayudarles a madurar si obedecían a Dios. Reflexión Comenzando por el primer versículo y continuando a través de toda la carta, Santiago reconoce a Jesús como Señor, refiriéndose a sí mismo como “siervo” de Jesucristo. Tal término es aplicable a todos los cristianos, porque todos los verdaderos discípulos de Cristo reconocen su soberanía sobre sus vidas y voluntariamente se entregan a su servicio. Cristo es el objeto de nuestra fe (2:1), el único en cuyo nombre y bajo cuyo poder cumplimos con nuestro ministerio (5:14), el que recompensa a quienes se mantienen firmes en medio de las pruebas (1:12), y el Señor cuyo regreso esperamos pacientemente (5:7). Santiago identifica a Cristo como “glorioso” (2:1), refiriéndose al shekin̆, la gloriosa manifestación de la presencia de Dios en medio de su pueblo. No sólo es glorioso, sino que el Señor es también la gloria divina, la presencia de Dios en la tierra Al hacerlo, analizó la naturaleza de la fe genuina y desafió a sus lectores a demostrar el valor de la experiencia con Cristo. Santiago quiere que los creyentes no solo oigan la verdad, sino que también la pongan en práctica. Hace una comparación entre la fe vacía y la fe que da resultados. La dedicación a amar y a servir a los demás es prueba de verdadera fe. Es muy importante la fe viva. Que su fe sea más que una simple declaración; también debe traducirse en acción. Esté atento a las posibilidades de poner su fe en acción.