BELLAS PALABRAS

Joel



Pasaje

“Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” (2:12-13).


Oración

Espíritu Santo de Dios, ven y lléname, que yo sea un testimonio de Tu Presencia.


Declaración

El nombre Joel significa literalmente «Jehová es Dios». Este es un nombre muy común en Israel, y de Joel el profeta se dice que es hijo de Petuel. Nada se sabe de él o de las circunstancias que rodearon su vida. Parece que vivió en Judá y profetizó en Jerusalén. Tal vez durante el tiempo en el que Joel profetizó, aproximadamente desde el año 835 a 796 a.C. fue escrito el libro, eran tiempos en que el pueblo de Judá prosperó y se sentía satisfecho. Tomaba a Dios a la ligera, se convirtió egocéntrico e idólatra. Joel les advierte que ese estilo de vida inevitablemente acarrearía el juicio de Dios.

Desarrollo

Joel comienza describiendo una plaga terrible de langostas que cubre la tierra, y devora las cosechas. La devastación ocasionada por estas criaturas no es sino una prueba del juicio venidero de Dios. Por lo tanto, Joel urge al pueblo para que se vuelva de su pecado, y regrese a Dios. Entrelazada en este mensaje de juicio y arrepentimiento, está una afirmación de la bondad de Dios y las bendiciones que Él promete para todos los que lo sigan. Es más, “todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” (2:32). Reflexión Joel profetiza la inauguración de la edad de la Iglesia: Un tiempo donde todos podrán invocar el nombre del Señor en todas partes, ser salvos de sus pecados y entrar a formar parte del reino de Dios. Por medio de la presencia del Espíritu Santo, la Iglesia se convierte en el cuerpo de Cristo sobre la tierra. Los propósitos redentores de Dios se extienden de esa manera a todo el mundo, a través de los creyentes cuyas vidas sean llenas del Espíritu. Esta es la época en que ahora vivimos. Nuestro privilegio no es sólo experimentar la salvación personal, sino el de ser aquellos que comuniquen las buenas nuevas a todos los que quieran escuchar. Lo que fue Joel para una Judá devastada, lo es la Iglesia para un mundo afligido; en otras palabras, una voz profética de Dios, revelando su mensaje, llamando al arrepentimiento, y extendiendo la esperanza de salvación. Las alusiones de Joel al Espíritu Santo son notables. Fue sin duda el Espíritu Santo quien condujo al profeta a ver la mano de Dios tras todo lo que estaba ocurriendo y a prever con tanta anticipación lo terrible del Día del Señor. Un pasaje sobresaliente de Joel es 2:28–32. Aquí el profeta contempla un tiempo futuro, cuando el Espíritu de Dios se derramará “sobre toda carne”. Tanto jóvenes y viejos, hombres y mujeres, tendrán esta experiencia. Esta sección de la Escritura esperó durante casi ochocientos años, como suspendida en el tiempo, el momento de su consumación. Aunque el Espíritu había descendido sobre profetas y sacerdotes, nunca le había ocurrido tal cosa a un grupo tan numeroso de personas. Entonces, el día de Pentecostés, el Espíritu se derramó con tal poder y fuerza que atrajo la atención de las masas reunidas en Jerusalén para las fiestas. Pedro apela a este pasaje profético y declara: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel” (Hch 2:16). Ha nacido una nueva era, la Iglesia ha recibido poder.